
Tu eres el cambio que quieres ver en el mundo (Gandhi).
Muchas veces cuestionamos el comportamiento de los demás; vemos sus errores, sus defectos; los prejuiciamos, los juzgamos y criticamos para alimentar nuestro complejo de superioridad.
Vivimos pensando que los demás son el problema que son ellos quienes deberían cambiar para que podamos vivir mejor… ¿pero cuando cuestionamos nuestros actos? ¿Cuándo nos tomamos tiempo para pensar en las cosas que hacemos?
Toda miseria del hombre deriva de no poder sentarse en silencio en un cuarto a solas.
Sabias palabras las de Blas Pascal, pues nos damos tiempo para todo menos para ver que hay dentro de nosotros, menos para analizar nuestras prioridades, repasar nuestras metas y sueños y para y mantener firmes nuestros valores.
Aquellos comentarios hirientes, irónicos y las miradas llenas de rencor y prepotencia que dirigimos hacia nuestros compañeros, amigos, padres y a las personas a nuestro alrededor son el resultado de nuestros propios conflictos internos, de nuestros encuentros y desencuentros y de nuestro alejamiento de Dios.
No queremos reconocerlo, pues implica aceptar que tenemos parte de culpa, pues a diario muchos de nosotros empezamos el día pensando que será lo mejor para nosotros y en que haremos para conseguirlo, pero ni siquiera agradecemos las cosas buenas que nos pasan, sin embargo nos fastidiamos por las malas; y al final del día aquellas personas se obtuvieron victorias vacías pues no aportaron nada bueno a la sociedad.
La verdadera crisis que estamos viviendo es la de valores, pues nos cuesta tanto aceptar que nos estamos volviendo indiferentes para con la sociedad.
Hoy en día vemos en la calle a un niño desvalido pidiendo limosna y nos sentimos ridículos de que haya gente que legue hasta tal punto, pues sabes que con tu ayuda no basta; llegas a casa y ves una mujer en tu puerta, luce cansada y lleva a un niño en brazos te pide un vaso te agua, tu corazón es movido a ayudar, vas a la cocina a traer un poco de agua y cuando regresas la desconocida ya no esta.
Desapareció llevándose el equipo de audio que tenias en la sala de tu casa.
¿Te quedan ganas de ayudar a la gente?
En tu interior sabes que debes hacerlo, a pesar de los riesgos y los engaños seguimos ayudando pero millones de personas no lo hacen ellos ahora piensan dos veces antes de extender la mano.
El amor y la solidaridad de muchos se esta tornando egoísta, indiferente y fría.
Muchas veces cuestionamos el comportamiento de los demás; vemos sus errores, sus defectos; los prejuiciamos, los juzgamos y criticamos para alimentar nuestro complejo de superioridad.
Vivimos pensando que los demás son el problema que son ellos quienes deberían cambiar para que podamos vivir mejor… ¿pero cuando cuestionamos nuestros actos? ¿Cuándo nos tomamos tiempo para pensar en las cosas que hacemos?
Toda miseria del hombre deriva de no poder sentarse en silencio en un cuarto a solas.
Sabias palabras las de Blas Pascal, pues nos damos tiempo para todo menos para ver que hay dentro de nosotros, menos para analizar nuestras prioridades, repasar nuestras metas y sueños y para y mantener firmes nuestros valores.
Aquellos comentarios hirientes, irónicos y las miradas llenas de rencor y prepotencia que dirigimos hacia nuestros compañeros, amigos, padres y a las personas a nuestro alrededor son el resultado de nuestros propios conflictos internos, de nuestros encuentros y desencuentros y de nuestro alejamiento de Dios.
No queremos reconocerlo, pues implica aceptar que tenemos parte de culpa, pues a diario muchos de nosotros empezamos el día pensando que será lo mejor para nosotros y en que haremos para conseguirlo, pero ni siquiera agradecemos las cosas buenas que nos pasan, sin embargo nos fastidiamos por las malas; y al final del día aquellas personas se obtuvieron victorias vacías pues no aportaron nada bueno a la sociedad.
La verdadera crisis que estamos viviendo es la de valores, pues nos cuesta tanto aceptar que nos estamos volviendo indiferentes para con la sociedad.
Hoy en día vemos en la calle a un niño desvalido pidiendo limosna y nos sentimos ridículos de que haya gente que legue hasta tal punto, pues sabes que con tu ayuda no basta; llegas a casa y ves una mujer en tu puerta, luce cansada y lleva a un niño en brazos te pide un vaso te agua, tu corazón es movido a ayudar, vas a la cocina a traer un poco de agua y cuando regresas la desconocida ya no esta.
Desapareció llevándose el equipo de audio que tenias en la sala de tu casa.
¿Te quedan ganas de ayudar a la gente?
En tu interior sabes que debes hacerlo, a pesar de los riesgos y los engaños seguimos ayudando pero millones de personas no lo hacen ellos ahora piensan dos veces antes de extender la mano.
El amor y la solidaridad de muchos se esta tornando egoísta, indiferente y fría.
Empezemos a apreciar las cosas que verdaderamente valen la pena en esta vida,
amemos al prójimo tanto como a nosotros mismos, sigamos el buen ejemplo de Dios.
No comments:
Post a Comment